Revista Empléate

N°1 - Empleate 1

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¿Desequilibrios entre sexos?

Crisis es nombre de mujer

Negocios distintos de los que fundan los hombres

Aitor Aspuru Sáez

La vida de las mujeres en los años veinte y treinta era, sin duda, mucho más dura de lo que es ahora y nadie puede ponerlo en duda. También es verdad que los derechos de las mujeres logrados -y nos estamos refiriendo principalmente al estado español- a partir de los 60 han sufrido, en los últimos años, una merma considerable. Prueba de ello es la reforma que el responsable de Justicia del Gobierno del PP está tratando de llevar a cabo con la actual Ley orgánica 2/2010 de Salud sexual, reproductiva y de interrupción del embarazo, vulnerando y coartando los derechos de las mujeres. Y si hablamos de economía... podremos decir sin lugar a equivocarnos que la crisis económica que azota España que, de un total de 40.300 personas desempleads con más de 40 años de edad, 33.900 son mujeres. Además, entre quienes buscan su primera oportunidad, hay 2.200 personas de entre 60 y 64 años, es decir, casi en edad de jubilación, y de los que el 95% (2.100) son mujeres, mujeres que tienen que salir a buscar trabajo ante la situación de desempleo de todos los miembros de la unidad familiar. Son mujeres valientes que no se achican ante nada ni ante nadie, que no pueden permitirse desfallecer y que van a por todas. Son mujeres que en su día lucharon por lograr unos derechos igualitarios para la totalidad de la sociedad y que están dispuestas a coger de nuevo las armas para reconquistar sus derechos. Si, la crisis tiene nombre de mujer pero también lo tiene lucha, conquista, libertad y victoria.

Un fantasma recorre Europa, la crisis económica. Un fenómeno que se hace especialmente visible en algunos lugares como el Estado Español y por extensión en la Comunidad Autónoma Vasca. Con menos crudeza, quizá, que en el resto del territorio, el tsunami financiero genera la misma zozobra en Euskadi, donde no solo se ha colado por la puerta de atrás, sino también instalado cómodamente.
En esta tesitura de turbulencias, como en la guerra, la máxima de que una de las primeras víctimas es la mujer cobra visos de gran verosimilitud. Una obviedad que no atempera el hecho de que el particular torbellino de paro e inactividad se ha cebado con mayor rigor en sectores económicos eminentemente masculinizados.

"El desigual reparto de las tareas reproductivas es un losa para la mujer".

leire ibarrola  emprendedora
Basta echar un vistazo a los datos que Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer, hace públicos con frecuencia y que, en su entrega más reciente, se centran en las vicisitudes del año 2010. En ellos se dan cita suficientes indicios como para corroborar ciertas tendencias poco halagüeñas en torno a los peajes que el mercado laboral se cobra sobre las mujeres.
Por supuesto, esto no es una invitación a abandonarse al alarmismo o el pánico, habida cuenta de que desde 1985, cuando la presencia femenina ocupada se cifraba en un 28%, se han experimentado profundos cambios. Transformaciones que han servido para que la participación de las mujeres en este apartado ascienda al 40%. De tal modo que el incremento medio se puede estimar en torno al 0,6 anual. Aun así, el peso específico de la mujer entre la población y el empleo sigue siendo muy dispar si se compara con su peso real en la sociedad en general. Si la mujer supone el 51% de la población total, el peso de la balanza laboral sigue cayendo sobre el hombre.

Educación y desigualdad

Los desequilibrios entre sexos, en Euskadi, arrancan en la educación pero se apuntalan en la enseñanza, por lo general. En la formación profesional de grado medio, por ejemplo, las mujeres aglutinan el 37,4% de las matrículas, mientras que en el grado superior lo hacen en un 42,2%. Dentro de este contraste, los roles de géneros ejercen una gran presión y establecen un claro mapa de segregación que se expresa en el desarrollo de la paridad dentro de las distintas ramas de formación. En base a lo publicado por Emakunde, en el curso 2009/2010, apenas una de las 25 ramas de FP de grado medio cumplía los cánones de la paridad; Comunicación, Imagen y Sonido, concretamente.
En el grado superior ocurre algo similar, aunque la paridad en las aulas se extiende a cuatro ramas: Hostelería y Turismo, Artes Gráficas, Comercio y Marketing y Química. Una buena parte de ellas, hay que añadir, muy unidas a papeles que la sociedad atribuye, a priori, a la mujer. Este desequilibrio de raigambre cultural queda plasmado en un sencillo cara a cara; en Fabricación Mecánica o Electricidad y Electrónica la matriculación masculina asciende a más del 90%, en tanto que en Sanidad, Administración o Imagen Personal son las mujeres quienes engrosan la abrumadora mayoría. En pleno siglo XXI, y pese a todo, sigue siendo más fácil imaginar y encontrar una administrativa que una electricista.
En otros ámbitos de la enseñanza, de acuerdo a las afirmaciones de Emakunde, se puede detectar una polarización francamente chocante. Así como la Universidad viene a ser un coto eminentemente femenino, especialmente en lo tocante a las licenciaturas y los doctorados, este impulso femenino pierde solidez al penetrar en carreras técnicas.

"Si la mujer supone el 51% de la población total, el peso de la balanza laboral sigue cayendo sobre el hombre"

Una inercia que el paso de los años y el ritmo de la sociedad contribuyen a corregir, pero más lentamente de lo preferible, pues en las ingenierías técnicas la presencia de la mujer se ciñe a una cuarta parte del total.
Por paradójico que puede antojarse, esta nutrida representación en titulaciones superiores encuentra su reverso en el apartado opuesto, es decir, entre quienes son pasto del analfabetismo o únicamente han cursado educación primaria. Dos territorios distantes de las cátedras en los que la proporción femenina, una vez más, supera a la masculina. De esta falta de formación y cualificaciones se infiere automáticamente una mayor vulnerabilidad a la hora de gozar de oportunidades de acceso al empleo, con lo que casi huelga decir que las personas más indefensas ante los embates y caprichos del mercado tienen nombre de mujer en su mayoría: en torno a un 55%.

Las líneas rojas

Uno de los talones de Aquiles del binomio desigualdad y empleo es la precariedad. Partiendo de que uno de los factores decisivos a la hora de definir la precariedad es la ocupación parcial, los datos empujan a cualquier observador mínimamente agudo a concluir que son las mujeres las que viven bajo esta bota casi unánimemente.
Valga como modelo esclarecedor el 2010 en la Comunidad Autónoma Vasca. Un año en el que la crisis económica había pasado de asomarse a establecerse insidiosamente en los tres territorios históricos. Así, cerca del 75% de las personas sobreocupadas (en otras palabras, con una jornada laboral por encima de las 8 horas) eran hombres. Entre los contratos que se ceñían a las más convencionales 8 horas diarias, los hombres seguían siendo mayoría con un 55%. Eso sí, esta tónica se invertía drásticamente, en detrimento de las mujeres, al poner cerco al trabajo parcial (jornadas inferiores a las 8 horas), espacio en el que las mujeres disparaban su participación con un 82,3%.

"Las personas más indefensas ante los embates y caprichos del mercado tienen nombre de mujer, en su mayoría"

Por descontado, la influencia de esta temporalidad viene marcada, en cierta medida, por la distribución poco equitativa del trabajo reproductivo. Las responsabilidades domésticas siguen recayendo en manos femeninas. Y lo mismo cabe afirmar del cuidado de personas mayores. Ello no redunda únicamente en que sean las mujeres quienes deban adoptar estas tareas como obligaciones y, en consonancia, condicionar o sacrificar sus carreras profesionales en el altar de las necesidades familiares. En un sentido difícilmente cuantificable, es el mercado mismo el que se ve privado del acceso a numeroso talento que se descarta a sí mismo, al margen de las corrientes que imponga la competitividad.
Por mucho que la solidaridad intergeneracional haya calado, el desigual reparto de las tareas reproductivas es un losa para la mujer en  muchos aspectos. Raquel Díaz de Tudanca, psicóloga, pedagoga y cofundadora de la asociación Mujer Siglo XXI explica: "la rivalidad familiar es un problema." No solo porque el compañero sentimental en muchas ocasiones experimente negativamente el reconocimiento social de su pareja, también por los reproches de hijos varones que establecen comparaciones con otras madres que pasan más tiempo en el hogar o por la educación de los miembros más mayores de la familia, que pueden no compartir las aspiraciones profesionales.josune irabien alcaldesa amurrio
En el ámbito privado, Josune Irabien, alcaldesa de Amurrio, uno de los pueblos más importantes de Alava, señala que las vidas políticas de las mujeres suelen ser más cortas en parte debido a esta responsabilidad familiar, que se añade a las preocupaciones políticas y termina por desembocar en un desgaste. "Hay alcaldes que se mantienen en la política casi desde la transición, en cambio, las mujeres suelen cubrir ciclos políticos de 4 a 8 años. Es impensable, a día de hoy, que una mujer se mantenga en política 24 ó 28 años".
En este  punto, reflexiona acerca de la imposibilidad de acceder a grandes puestos de responsabilidad, para los que hay que contar con un largo bagaje político, y compaginar el trabajo reproductivo: "A medida que se asciende en los estamentos políticos, la implicación de la mujer es menor", afirma. Pero esto no quiere decir que la mujer esté menos facultada para el quehacer político, dentro de esos plazos políticos de 4 a 8 años, evidentemente, de corte local, Josune recuerda que en Euskadi las mujeres ostentan ya el 20% de las alcaldías y confía en que en los años venideros sean más y que este trabajo de hormiguitas desde la base repercuta en puestos de mayor responsabilidad.
En la iniciativa privada, la situación es similar. La presencia de mujeres en órganos de decisión como asociaciones empresariales -el caso de la presidenta de la patronal vasca, Confebask, sea en ese sentido, una excepción-, consejos de administración de empresas que cotizan en el IBEX 35 o en la Banca sigue siendo muy limitada, por lo general por debajo del 20%. "Es como si la igualdad fuera algo que estuviese permitido hasta un punto del que no se puede pasar" apostilla Raquel Díaz de Tudanca.

El espejo salarial

Las puertas cerradas con las que se topan a menudo las mujeres en lo relativo a los centros de decisión establecen diferencias salariales evidentes. Así, el salario anual medio de un hombre en Euskadi en 2010 se fijaba en 26.911,40 euros, en tanto que el de las mujeres bajaba hasta los 19.771,80. Un desnivel de 7.139,50 euros, ni más ni menos. La diferencia se exacerba además en un tramo concreto de edad, el que comprende de los 35 a los 44 años.
El corolario a esta situación lo ponen los colectivos dominados por la desprotección. Quienes desempeñan una ocupación asalariada prescindiendo de contrato (y de su correspondiente cotización a la Seguridad Social, por ende). Hace dos años, la cantidad de casos de esta clase se cifraba en 18.600, de los cuales 16.400 eran mujeres, 9 de cada 10 prácticamente. Una vez más, en el reparto de las condiciones desfavorables las mujeres parecen disponer de un lugar preferente.

Ayudas

Fotografías superior dcha e inferior izda:

Leire Ibarrola presentando sus productos.

Centro derecha:

Josune Irabien, alcaldesa de Amurrio

Uno de los escasos apartados positivos en los que las mujeres se sitúan a la cabeza viene derivado de la implicación de estas en las labores reproductivas. Esto encuentra su reflejo en que ellas son las beneficiarias del 93,3% de las ayudas a la reducción de jornada para el cuidado de menores. El mensaje negativo implícito en este dato y la otra lectura posible es que pocos hombres optan por volcarse en la crianza, por cuanto son ellas quienes tienen que posponer sus avances profesionales en detrimento de los de ellos.
En el caso de las mujeres emprendedoras, las Diputaciones ofrecen ayudas y cursos de orientación. Jezabel Urgelles confiesa que finalmente esto no le resultó de gran utilidad. Ella se dedica, como la mayoría de las mujeres, al sector servicios, un espectro profundamente feminizado. Ha abierto en el Casco Viejo de Bilbao una tienda dedicada a los productos veganos, es decir, aquellos cuya producción está exenta de explotación animal. A pesar de que sostiene haber recibido un apoyo público muy discreto, se muestra muy contenta de ser su propia jefa después de completar una auténtica carrera de fondo profesional en trabajos extremadamente variados.
leire ibarrola presentando sus productosLeire Ibarrola, que produce queso ecológico en la pequeña localidad de Izoria y ha abierto una tienda de alimentos ecológicos en Orduña ha tenido la fortuna de aunar sus iniciativas con la llevada a cabo desde el sector privado y público en su comarca. En la ruta del Txakoli de Ayala ha conseguido conjugar un toque ecológico y artístico, presentando sus productos y los de otros establecimientos adscritos a Aiaratur -el ente semipúblico que impulsa la actividad económica de la comarca ayalesa- a través de catas y exposiciones de cuadros que se inspiran en la orografía de la zona.
Raquel Díaz de Tudanca, con la perspectiva que le aporta haber creado su propia consulta hace más de 30 años, apunta que en la actualidad las mujeres emprendedoras disponen de más apoyos; asociaciones, microcréditos, formación -como la que ofrece Lanbide y la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial (SPRI)-... Eso sí, se dan de bruces con otra problemática, una competitividad feroz, puesto que la preparación académica es mucho mayor.
Igualmente, esta veterana profesional defiende que las mujeres tienden a poner en marcha negocios distintos de los que suelen fundar los hombres. Y tanto Jezabel como Leire podrían ser un buen ejemplo de ello.

Fotografías: Itziar Serna

Sumario

Editorial

Federación María Laffitte

Evolución de la relación mujer y empleo en democracia

Ana Pérez Luna. Secretaría de la Mujer UGT Andalucía

Programas de formación, ¿el camino para el empleo?

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Andalucía y su tejido empresarial

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Servir para servir

Iván Montes Gálvez

Emprenderla con el fututo. Retos del empleo femenino ante la crisis

Iván Montes Gálvez

Mujeres frente a la crisis, soluciones con acento andaluz

Carmen G. Gavira

Economía y empleo, ¿un asunto de mujeres?

Teresa Fernández Ridruejo. Orientadora laboral. Experta en género

¿Por qué decimos economía cuando queremos decir dinero?

Iratxe Acha (TTi, Tecnología para la Transformación Interior)

Crisis es nombre de mujer

Aitor Aspuru Sáez

Jezabel. Veganamente...

Aitor Aspuru Sáez

La responsabilidad de hablar desde la experiencia

Aitor Aspuru Sáez

"Nunca sabemos el potencial que tenemos dentro"

Cristina M. Sacristán

"En esta sociedad los logros masculinos se magnifican"

Cristina M. Sacristán

El difícil camino hacia la igualdad de la mujer ucraniana

Lyudmyla Kovalchuk - La Strada Ukraine

Las labores de cuidado infantil y el nuevo marco de regulaciones para el ejercicio del cuentapropismo en Cuba

Magela Romero Almodóvar

Poner en hora el reloj de los oficios

Magela Romero Almodóvar

Género y empleo: la realidad chilena

Oriana Ayala Ferrada

Servicio doméstico, ni sueños, ni ambiciones

Oriana Ayala Ferrada

¡Comienzan las rebajas!... en el tiempo de descanso

Mg. Florencia Antoniou

Fora de Eixo. Fuera del eje

Marta Florencia Goldsman

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Bianca dos Santos

Mujer, negra y empresaria

Neesa Isaacs

Ser mujer, ser empresaria.

Susana Escalante

Zineb, sencilla ciudadana del mundo

Zined Chbibi-Cadoux

No todo es de color rosa en el mercado laboral australiano

Silvia Cuevas Morales

Mujeres. La fuerza del cambio en India

Susana Marín Aguilera

Paseo cultural

Judy Rudon

Créditos

Federación Asoc. María Laffitte