Revista Empléate

N°1 - Empleate 1

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Poner en hora el reloj de los oficios

Un desempeño no tradicional: El Caso de Yoyi

Magela Romero Almodóvar

Georgina Acebal Díaz, es su verdadero nombre, pero si alguien preguntara por él casi nadie conocería a esta mujer que todos llaman cariñosamente “Yoyi”. Nacida en La Habana en 1949, esta cubana se desempeña hace 42 años como relojera, un oficio tradicionalmente ejercido por hombres, en el que le ha sido muy difícil ganarse un lugar. En la actualidad, como cuentapropista, tiene poca competencia profesional en su espacio, porque el prestigio obtenido por su buen desempeño y la calidad de su trabajo hacen que sea su sobrenombre el que más se pronuncie cuando de reparar relojes se trata en la zona del Monacó (ubicada en el municipio “Diez de Octubre” de la capital de Cuba).

Acercarnos a su historia ha sido de especial interés, pues en ella se entretejen la intención del Estado Cubano de promover a las mujeres para empleos tradicionalmente masculinos, el papel que en este empeño ha tenido la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la férrea voluntad de una mujer amante de lo dinámico, que a pesar de sus 64 años dice no tener en mente el día en que dejará de realizar esta labor.

Pregunta: ¿Desde cuándo ejerce como relojera?

Respuesta: Entré en la “Escuela de Relojería” de La Habana en un curso de capacitación que se abrió en 1969, a la edad de 19 años.

P: Y en su familia, ¿cómo vieron ese hecho?                 Yoyi en su puesto de relojería Cuba

R: Lo vieron como algo excepcional, sobretodo porque habían otras opciones  más tradicionales como la de enfermería o la de trabajadora social. No obstante, tengo que decir que antes de mí hubo dos mujeres que se atrevieron a hacer cosas de hombres también. Una de mis tías era fotógrafa, lo mismo de galería que de calle y en lo que era fotografía ella tenía el numero uno; mientras que otra se graduó en la escuela de pintura de San Alejandro.

Creo que a todas en la familia nos ha gustado hacer cosas no rutinarias.

P: ¿Qué fue lo que le motivó a optar por este curso?

R: Era algo raro, no habían muchas mujeres relojeras y siempre había tenido la curiosidad de aprender algo que no fuera muy rutinario. Yo por aquel entonces era activista de la FMC y tenía que ver con las convocatorias que se abrían tanto para trabajar como para estudiar y de todo lo que tenía para ofertar, esta fue la opción que más me interesó.

P: Como Usted dice esta no es una carrera por la que optan muchas mujeres, ¿podría comentarnos más sobre el modo en que se hizo esta convocatoria?

R: Sí. Este fue un curso especial convocado por la FMC sólo para mujeres. Mi grupo pertenecía a la segunda edición y éramos en total 82. Posteriormente se abrieron dos convocatorias más de este tipo, pero hasta donde sé no se siguió con esta iniciativa. Ahora sólo se hacen convocatorias masivas cuando hay necesidad.

P: Después que terminó la escuela, ¿pasó algún curso de superación?

R: No pude hacer la maestría porque en esa fecha me compliqué. Tuve que asumir compromisos más serios. Éramos bastantes hermanos, paridos por mi mamá 10 y adoptados por ella 2 más. De todos, yo era la primera hembra, pues fui la segunda en nacer y por eso me tocaron más responsabilidades. Mi mamá casi no tenía que enseñarme cómo hacer las cosas, aprendía rápido; sabía bañar a un bebé, cambiarle el pañal, darle la leche y también la hora de hacer las cosas. Yo era muy cumplidora, es decir, responsable, que era la palabra con la que siempre me calificaba mi madre. Ella decía: “Mi hija es muy responsable, por eso confío tanto en ella” y eso era cierto, yo era muy responsable, creo que en exceso.

Ni siquiera tuve hijos, no los pude tener porque tenía los de mi mamá. Crié prácticamente a mis hermanos, ellos seguían naciendo en edades donde yo tenía que estar teniendo novios. Mi mamá parió mucho.

Relojera-Yoyi-Puesto ambulante-CubaP: Y sus compañeras de la escuela, ¿siguieron superándose?

R: Muchas no, este curso estaba destinado sólo para jóvenes de 17 a 27 años, quiere decir que cuando empezamos éramos muy jovencitas. Yo tenía 19, pero muchas tenían 17 o 20 años; en fin que muchas por aquel entonces éramos solteras. Luego algunas comenzaron a tener hijos, otras se fueron del país y así sucesivamente. Entonces la vida se les comenzó a complicar. Por otra parte, en ese tiempo había mucho más machismo que ahora y el esposo les exigía a muchas estar en la casa para cuidar los hijos.

P: ¿Cómo recuerda sus primeros pasos como relojera?

R: Siempre me interesó mucho lo que aprendía, quería grabarlo todo en mi mente y lo mismo lo plasmaba en dibujos que en las libretas que tenía. Al momento de la graduación, fui el segundo expediente de la escuela y por esa misma vía me ubicaron. El taller donde comencé a trabajar quedaba en la misma cuadra que la escuela y allí ejercía lo aprendido según iba pasando de categoría. Las categorías la iban otorgando según lo que estábamos aprendiendo y la evaluación que recibíamos, y así transitábamos desde la categoría de D que te avalaba sólo para el arreglo de relojes despertadores mecánicos hasta la categoría A que es la última, la que legitima que estas preparada para el arreglo de cualquier tipo de reloj fuera mecánico, automático o digital. Yo obtuve la máxima categoría en el año 1977.

P: Los instrumentos con los que trabaja, ¿se los dieron o son de su propiedad?

R: Cuando comencé en los talleres allí te lo daban todo, mas solo podía utilizar esas herramientas cuando estaba en ellos, porque eran propiedad del Estado. Después con el tiempo, como yo quería hacer otros trabajitos particulares, fui consiguiendo mis propias herramientas y aquí están.

P: ¿Cuál es el mayor obstáculo que ha tenido que vencer en el ejercicio de esta profesión?

R: He tenido que vencer muchos; por ejemplo cuando me gradué en la categoría A, demoré un tiempo bastante prologando para poder ejercer como tal. Fueron como 2 ó 3 años los que estuve esperando para tener esa plaza, porque el Taller no tenía las plazas a la velocidad que una estaba lista para optar por ellas. Esta demora también se debía a que en ese período estaban entrando relojeros de mayor edad que venían a evaluarse de otras escuelas. Ellos estaban en la calle, decían que eran relojeros, aprobaban con éxito la prueba de suficiencia y ocupaban, por ser hombres, primero que nosotras las plazas.

P: Y, ¿por qué cree que gozaban de este privilegio?

R: Porque siempre han sido ellos quienes han ocupado estas plazas, es un problema de tradición. Además existe el tabú de que los hombres relojeros son mejores que nosotras

P: ¿Qué opina Usted de ese mito?

R: ¡Hasta yo llegué a pensarlo!, pero viniendo de una escuela llegó un momento en que me di cuenta de que las personas estaban en un error. Me sorprendí al notar que había hombres que sabían menos que yo y que ni siquiera estaban evaluados. Aquí mismo en la esquina de donde trabajo tenemos un ejemplo, existe un relojero hombre que en vez de arreglar relojes, los rompe (risas). Él es contemporáneo conmigo, pero no pasó escuela, aprendió en la calle y no tiene mi nivel. Las personas que residen en esta zona lo saben ya porque ven el resultado y dicen “esa mujer sabe”, “arregla todo tipo de relojes y le quedan bien”, etc. Eso es lo que me ha dado la fama, a pesar de los tabúes, de que ¡”la mejor relojera de por aquí: soy yo”!

Sin embargo, muchas veces en las unidades de trabajo, los administradores que son quienes contratan no son Maestros Relojeros y no pueden saber qué es lo que da cada cual. Entonces, cuando se presentan para la plaza un hombre y una mujer, los privilegian a ellos,  sin saber, que la única forma de valorar el mejor desempeño es teniendo a los dos al mismo tiempo trabajando.                                                         Relojera Yoyi con cliente-Cuba

P: ¿Alguna vez se ha sentido menos femenina que otras mujeres por ejercer este oficio?

R: No.

P: ¿Cómo valora su desarrollo en esta profesión?

R: Para mí ha sido lo más grande. Algo que me ha además de recursos económicos, méritos y prestigio social. El Estado se empeñó en hacer esto para a nosotras y me ha ido bien. Siempre trabajé para en una empresa estatal, desde 1970 hasta octubre de 2011, cuando quedé disponible producto del proceso de reestructuración laboral que vive el país. La empresa en que yo trabajaba redujo muchas plantillas y yo quedé disponible por la edad.

P: ¿Le hubiera gustado continuar trabajando para el Estado?   

R: Sí, porque con el Estado me sentía más segura. Ahora como cuentapropista me cuesta más trabajo resolver las cosas.  Tengo que buscar la manera de hacerme de un stock de piezas, comprándole a las personas los relojes que ya no quieren, que están viejos o que ya no son de su interés; para de esa forma tener un poco de manillas, un poco de cajas, un poco de esferas y poder realizar mis arreglos.

P: ¿Qué otras desventajas le ve a esta nueva condición de cuentapropista?

R: Que tengo yo misma que acumular mis vacaciones y eso es difícil porque debo esforzarme más y administrar muy bien el presupuesto.

P: Y esa administración, ¿le resulta difícil?

R: Ya con los años que yo llevo ejerciendo esto no, pero al principio sí.

P: ¿Qué ventajas para Usted tiene el cuentapropismo?

R: Me siento más independiente y libre porque yo misma determino lo que se va a hacer. Además esta nueva condición me brinda más facilidades desde el punto de vista económico que se visibilizan en mi familia; pues mi esposo ya está jubilado y gana menos que yo.

Yoyi Relojera con reloj en mano-CubaP: Si Yoyi volviera a nacer, ¿sería relojera o escogería otra profesión?

R: Hay otras dos profesiones que me gustan, pero cuando era joven no tenía suficiente nivel para alcanzarlas. Una era ser pianista, incluso estuve dando clases de esa materia, mas no pude terminarlas porque había necesidades económicas. Lo otro que me gustaba era la medicina y ahí es donde yo me detengo a veces y me digo: “Con lo que a mí me gusta la ciencia, quizás hubiera sido tremenda cirujana”. Pero, no pude coger ninguna de las dos. Estaba muy atrasada cuando triunfó la Revolución, era una adolescente, de bajos recursos y tenía muchas responsabilidades familiares.

P: ¿Se siente satisfecha con lo que ha logrado hasta hoy?

R: Mucho. Estoy orgullosa y para mí esto es muy estimulante. Todos los días aprendo algo nuevo y siento que tengo un motivo más para esta viva. Tengo 64 años y pienso seguir p´alante y p´adelante, no tengo en mi mente el día en que voy a dejar de ejercer como relojera. Esto no afecta mi salud para nada, tendré “mis achaquitos” 1 de la 3era edad, pero más o menos me campeo

Fotofrafías: Yoyi en su relojería, en situaciones diferentes.


1  Se refiere a padecimientos, dolencias propias de esa etapa de la vida.

Sumario

Editorial

Federación María Laffitte

Evolución de la relación mujer y empleo en democracia

Ana Pérez Luna. Secretaría de la Mujer UGT Andalucía

Programas de formación, ¿el camino para el empleo?

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Andalucía y su tejido empresarial

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Servir para servir

Iván Montes Gálvez

Emprenderla con el fututo. Retos del empleo femenino ante la crisis

Iván Montes Gálvez

Mujeres frente a la crisis, soluciones con acento andaluz

Carmen G. Gavira

Economía y empleo, ¿un asunto de mujeres?

Teresa Fernández Ridruejo. Orientadora laboral. Experta en género

¿Por qué decimos economía cuando queremos decir dinero?

Iratxe Acha (TTi, Tecnología para la Transformación Interior)

Crisis es nombre de mujer

Aitor Aspuru Sáez

Jezabel. Veganamente...

Aitor Aspuru Sáez

La responsabilidad de hablar desde la experiencia

Aitor Aspuru Sáez

"Nunca sabemos el potencial que tenemos dentro"

Cristina M. Sacristán

"En esta sociedad los logros masculinos se magnifican"

Cristina M. Sacristán

El difícil camino hacia la igualdad de la mujer ucraniana

Lyudmyla Kovalchuk - La Strada Ukraine

Las labores de cuidado infantil y el nuevo marco de regulaciones para el ejercicio del cuentapropismo en Cuba

Magela Romero Almodóvar

Poner en hora el reloj de los oficios

Magela Romero Almodóvar

Género y empleo: la realidad chilena

Oriana Ayala Ferrada

Servicio doméstico, ni sueños, ni ambiciones

Oriana Ayala Ferrada

¡Comienzan las rebajas!... en el tiempo de descanso

Mg. Florencia Antoniou

Fora de Eixo. Fuera del eje

Marta Florencia Goldsman

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Bianca dos Santos

Mujer, negra y empresaria

Neesa Isaacs

Ser mujer, ser empresaria.

Susana Escalante

Zineb, sencilla ciudadana del mundo

Zined Chbibi-Cadoux

No todo es de color rosa en el mercado laboral australiano

Silvia Cuevas Morales

Mujeres. La fuerza del cambio en India

Susana Marín Aguilera

Paseo cultural

Judy Rudon

Créditos

Federación Asoc. María Laffitte