Revista Empléate

N°1 - Empleate 1

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Género y empleo: la realidad chilena

La mirada sociológica y feminista se compromete

Oriana Ayala Ferrada

 

Las primeras luces del siglo XX mostraron una tenue rendija por la que se coló el avance

repleto de guiños a las grandes transformaciones  de las que fueron protagonistas las

mujeres. Agitaciones políticas, hubo muchas y  fueron las maestras las que llevaron adelante

la "educación socialista". Muchas se proyectaron socialmente pero hubo quienes

transcendieron su territorio, tal como ocurrio con Gabriela Mistral, la notable maestra y

escritora Chilena.

"Cuando el artesano se vuelva por su capacidad de creación tanto sesos como puños, y

corresponda a tal vigor de sus riñones tal fineza de pupila, se caerá solo el muro que ha

dividido el trabajo en jerarquías, y broncero superior igualará a compositor de sinfonía y

esmaltador de Copenhague a -cirujano de Nueva York".(Sentido del oficio. Gabriela Mistral)

 

Es difícil iniciar un artículo que hable de las mujeres de un país tan contradictorio como Chile sin tener en cuenta el entorno social, político y económico. A este país de casi 18.000.000 millones de habitantes lo avala una imagen exterior de país con una economía creciente, saneada y con un buen nivel de desarrollo y crecimiento. Sin embargo podemos comprobar que detrás de esta imagen  hay una realidad que dista mucho de lo que sabemos del país más austral del continente sudamericano.

Chile, cuarenta años después, aún no ha superado el trauma de un Golpe de Estado ocurrido en 1973 en el cual las fuerzas militares del país respaldadas por Estados Unidos de América, acabaron con el Gobierno constitucional de Salvador Allende provocando miles de muertes, personas encarceladas, desaparecidas y exiliadas a causa de sus ideas políticas y de haber participado en el proyecto de tránsito al socialismo.

Desde esa época tres diferentes gobiernos han dedicado sus esfuerzos  por recomponer la ruptura y las heridas sociales causadas por estos hechos, sin lograr hasta  el momento repararlas. Todo el país se vio conmocionado por los sucesos del citado Golpe de Estado y la posterior dictadura ejercida hasta 1989. Mencionamos este hecho ya que a pesar de los casi 40 años transcurridos, el quiebre social, político y económico siguen siendo una factor determinante en cuanto al avance en políticas sociales y desarrollo de la sociedad.

Si bien es el sector económico y el empleo femenino el que hoy nos ocupa, no podemos hacer un análisis de la realidad sin tener en cuenta las diferentes políticas económicas de corte neoliberal que se han experimentado en Chile a partir de la dictadura y que solo tuvieron como objetivo el crecimiento económico y el pago de la deuda externa sin tener en cuenta el grave retroceso de las anteriores políticas y derechos sociales que fueron exterminados junto a las ideas políticas de un estado progresista y que tuvo en cuenta en primer lugar el bienestar social de la población.

Las mujeres chilenas a partir de 1974 y hasta bien avanzados los 90, fueron las organizadoras de la resistencia social, la supervivencia familiar, la defensa de los DDHH y la denuncia de los atropellos realizados durante la dictadura. Sin embargo al término de ésta, no tuvieron el reconocimiento político-social a su esfuerzo, trabajo y lucha. Antiguas reivindicaciones de Género como la igualdad, la coeducación, el acceso a la formación y al trabajo en iguales condiciones que los hombres, el derecho a la interrupción voluntaria al embarazo y a políticas sanitarias específicas, no sólo no han sido escuchadas sino que siempre han sido aplazadas por “otras prioridades”.  Si bien se ha producido un avance en cuanto a la demanda pública de sus derechos, esta voz ha llegado parcialmente a la ciudadanía ya que es una llamada desde fuera del ámbito gubernamental y  político; la demanda y, por lo tanto, la voz de las mujeres se hace oír desde Fundaciones, Instituciones  y ONGs de forma casi alternativa al poder.

                                                                                                                                                                               

La presencia de las mujeres en el mercado laboral deja constancia de una problemática de Género que no se ha asumido y que genera mayores responsabilidades, trabajo y empobrecimiento de las trabajadoras.

La presencia de las mujeres en el mercado laboral

La incorporación de las mujeres al mercado laboral en Chile ha crecido sólo 11,3 puntos porcentuales en los últimos diez años, con lo que llegó al 47 por ciento durante 2010. La cifra dista mucho del 53 % promedio de Latinoamérica medido por la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, y del 65 % de promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, organismo al que pertenece Chile desde el año 2009.

En 2001 la tasa de empleo femenino era del 35%, y creció 6,41 puntos en nueve años, para llegar al 42,11% en 2009. Durante 2010, influido por el cambio metodológico en las mediciones del INE aplicadas en marzo de ese año, el porcentaje aumentó explosivamente: creció 4,89 puntos porcentuales, los que dejaron la tasa del empleo femenino en el 47% actual. (Se tiene en cuenta en estas nuevas mediciones el trabajo doméstico y las nuevas formas de empleo tales como las llamadas emprendedoras).

El aumento salarial para las trabajadoras también presenta un lento ritmo de crecimiento.

Si tenemos en cuenta los cargos directivos, la situación tampoco mejora: sólo el 5,2 por ciento de los puestos de poder son ocupados por mujeres.  Además, la diferencia salarial respecto de los hombres que están en puestos directivos es de un 37%.

El único índice que crece es el acceso femenino a la educación superior. En el año 2000, el porcentaje de mujeres que estudiaban en la universidad era de un 45%. Hoy esa cifra subió al 76%.

Sectores laborales en donde trabajan las mujeres en Chile

Las ocupaciones en que se desempeñan las mujeres no son las mismas ocupaciones a las que acceden los hombres; por lo tanto, sus condiciones de trabajo no son similares. Los trabajos de las mujeres se concentran en las siguientes actividades:
Servicios, un 46% (comunitarios, sociales y personales): En este sector las mujeres son la mayoría; se incluyen aquí casi el 100% del servicio doméstico y un porcentaje importante de los trabajos en  sectores de salud y educación.       

Comercio, un 25%: En este sector que incluye tanto el comercio detallista como el mayorista, grandes tiendas, centros comerciales y supermercados entre otros, las mujeres son aproximadamente la mitad de trabajadores del sector.901029_69182782(1)_502x429.jpg

Industria manufacturera, un 11%: Aquí los trabajadores son 3 veces más numerosos que las trabajadoras; estas se desempeñan principalmente en las industrias textiles, de confección y vestuario, de cuero y calzado y en la industria alimenticia; en menor medida están en la industria química y metalúrgica.

Agricultura, alrededor de un 6%: En este sector se encuentran las actividades agrícolas, ganadería, pesca y caza y la actividad forestal; los hombres superan en cantidad a las mujeres en 6 a 7 veces. Las mujeres se concentran en actividades agrícolas de temporada en cultivos de exportación y en el cultivo de productos marinos.

Establecimientos financieros, un 7%: Aquí están los trabajos en bancos y entidades financieras, y las mujeres son alrededor de 1/3 de los trabajadores

El Servicio doméstico, las nanas y las emprendedoras

Es en este apartado, es donde se encuentran casi el 30% de las trabajadoras en Chile y de las cuales queremos hablar. Son ellas, las que no tienen voz, ni derechos y a las que no llegan ni siquiera las reivindicaciones de Género de sus compatriotas ya que no conocen el término y no saben nada de lo que este concepto implica, es decir su libertad, igualdad y derechos.

La servidumbre en Chile se instaura a partir de la colonización del país por el reino de España. En las “encomiendas” (paquetes) de indios cedidos junto a las tierras que recibían los señores a cambio de los servicios prestados al Rey, había mujeres, aunque éstas no hayan sido mencionadas por la Historia. Estás indias fueron violadas o utilizadas sexualmente por los señores dando lugar al mestizaje y posteriormente a una nueva clase social los “criollos” o “mestizos”, así llamados para diferenciarse de los españoles. También fueron llamados criollos o criollas (aunque el femenino no se utiliza) los hijos e hijas de españoles que habiendo nacido en Chile ya no quisieron obedecer las órdenes de la corona.

Las empleadas domésticas

Dos siglos después, las clases sociales en las que se estructura la sociedad de la época, se mantienen y acentúan dependiendo de las políticas económicas, de la clase dominante y del Gobierno de turno. Si bien en épocas de bonanza el país paga su deuda, crece y se hace fuerte en los mercados internacionales, esto no afecta, ni mejora a las clases bajas, desfavorecidas o pobres, dependiendo su nombre de quien se refiera a ella. Las mujeres de clase desfavorecida en Chile tienen como salida laboral, mayoritariamente, el trabajo doméstico. No hay otras opciones. Este trabajo ha permitido que las mujeres de clase media o alta hayan podido acceder al trabajo remunerado, a la presencia pública, política, a las artes y a la vida  ciudadana en general. Si bien Chile es un país con un índice de alfabetización muy alto (95%) muchas de estas mujeres no han finalizado los estudios primarios y no cuentan con formación laboral reglada.

"Duras manos parecidas
a moluscos o alimañas;
color de humus o sollamadas
con un sollamo de salamandra,
y tremendamente hermosas
se alcen frescas o caigan cansadas.
    Amasa que amasa los barros,
tumba y tumba la piedra ácida
revueltas con nudos de cáñamo
o en algodones avergonzadas,
miradas ni vistas de nadie
sólo de la Tierra mágica
".

Viven en barrios marginales, en los alrededores de las ciudades, en poblaciones, en chabolas (campamentos o callampas en Chile) y son en su mayoría cabezas de familia (Jefas de hogar se llaman en Chile como una ironía del lenguaje que pretende darle un título o un cargo a una condición de vulnerabilidad y pobreza), con hijos e hijas menores a cargo. En su mayoría han tenido más de una pareja y han sido abandonadas por ellos. Es común que en una familia de tres hijas e hijos cada uno de ellos o ellas sea hijo de un distinto padre, pero la familia se unifica al llevar toda la prole el apellido materno.

La “Jefa de hogar” solo tiene sus manos y su ingenio para mantener, criar y educar a su prole. No cuenta con becas, ni comedores escolares, ni atención médica básica, ni ayudas para la compra de vestuario o libros. Sale  a los barrios ricos a ofrecer sus servicios en jornadas de 10 o 12 horas de duro trabajo por el que recibe un sueldo hasta el 50% inferior a un jardinero, o peón de limpieza.

En el puesto de trabajo y dependiendo de la sensibilidad de “la patrona” puede comer e incluso llevar los restos o sobras a su familia al finalizar el día, o solo come ella misma las sobras o restos ya que en algunas casas no la cuentan para la distribución equitativa de los alimentos que ella misma  prepara. Come en la cocina, de pie y mientras sirve a los señores o señoras. Debe fregar, limpiar, lavar, planchar, cocinar, limpiar el jardín, el coche y todo lo que surja… su horario suele comenzar a las 8.00 AM y hasta pasada la hora de la cena, recogida de la cocina y fregado los platos, no puede regresar a su casa (22.00 PM). No sabe y no ha escuchado nunca hablar de conciliación laboral y familiar. Suele cocinar “a la carta”, ya que las niñas y niños ricos son malcriados, ya se sabe, mientras recuerda a sus propios críos que la esperan a ella para comer.

Su hija (siempre es una niña), mientras tanto es responsable de tener la casa limpia y recogida para cuando ella regrese del trabajo, ocuparse de los hermanos o del bebé, con lo cual los roles y modelos se van transmitiendo inexorablemente como si la Historia de las mujeres se hubiera detenido en el país allende los Andes. Los chicos, salen a jugar, a robar o a distraer el hambre hasta que la madre regresa. No tiene contrato, seguridad social ni seguro sanitario. ¿Y esto es considerado un empleo de calidad? Sí, figuran en las estadísticas como “empleos” logrados y si bien se sabe que no es un empleo de calidad o normalizado (contrato y prestaciones sociales) se utiliza para engrandecer las cifras del empleo femenino.

Las Nanas

Otro modelo de trabajo de calidad según el Presidente Piñera, que se contabiliza en el crecimiento del empleo en Chile es el de las Nanas. Similar a las mujeres que ejecutan el trabajo doméstico, éstas tienen además, la tarea específica de criar, proteger y cuidar a las tres o cuatro  criaturas de la familia que la contrata. Debe llevar uniforme clásico. Un vestido rosa, azul o verde (en tonos pastel que queda más fino), un delantal con volantes y en muchos casos, una cofia blanca en la cabeza. Además del trabajo con las criaturitas, debe limpiar, fregar, cocinar en ocasiones, planchar y estar atenta a las órdenes de su patrona. No tiene horario ya que está “puertas adentro” (interna).

empleada doméstica  o la jefa del hogar-chileHace pocos meses hubo un escándalo mediático que traspasó las fronteras de Chile. Una Nana tuvo la osadía de ponerse bañador y meterse en la piscina del condominio (urbanización) con los niños que cuidaba. El vecindario abandonó la piscina a causa del escándalo que esto significaba. A partir de este hecho se han establecido normas claras con respecto a la prohibición de que estas mujeres utilicen las instalaciones de ocio de las urbanizaciones. También se ha establecido como norma el hecho de que en todo momento deben llevar el uniforme para diferenciarse del resto de las mujeres. Por último y como colofón a estas medidas, algunas urbanizaciones han habilitado autobuses especiales que las transportan y recogen de sus trabajos para que no caminen por las calles “privadas” afeando el paisaje.

Las emprendedoras

En el ítem emprendedoras encontramos datos curiosos en cuanto a los empleos que se contemplan en este apartado. Desde la señora que hace empanadas en su casa y después las vende a comercios o al vecindario, hasta la señora que cose, hace arreglos de ropa a conocidas, pasando por la señora que lava y plancha a domicilio, trabajo secular de las mujeres chilenas de clase desfavorecida, que ha ido desapareciendo desde la aparición de las lavadoras que cada familia de clase media y alta ya puede tener en su casa.

Conclusiones

Para concluir esta mirada crítica a los datos y estadísticas triunfalistas que difunde el Gobierno de Chile, diríamos que la problemática de género no está siendo afrontada con políticas adecuadas y realistas en Chile. Que las mujeres siguen siendo invisibles y no valoradas y, que su presencia en el mercado laboral acentúa la problemática de género ya que mayoritariamente continúan realizando una doble jornada. Que no existe conciliación familiar y laboral y que un 30% de la población laboral femenina no tiene contrato ni prestaciones sociales básicas para que su presencia en el mercado laboral sea digna, de calidad y les ofrezca alguna forma de futuro y dignidad como mujeres y trabajadoras.

Fotografía: Empleadas domésticas chilenas.

Sumario

Editorial

Federación María Laffitte

Evolución de la relación mujer y empleo en democracia

Ana Pérez Luna. Secretaría de la Mujer UGT Andalucía

Programas de formación, ¿el camino para el empleo?

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Andalucía y su tejido empresarial

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Servir para servir

Iván Montes Gálvez

Emprenderla con el fututo. Retos del empleo femenino ante la crisis

Iván Montes Gálvez

Mujeres frente a la crisis, soluciones con acento andaluz

Carmen G. Gavira

Economía y empleo, ¿un asunto de mujeres?

Teresa Fernández Ridruejo. Orientadora laboral. Experta en género

¿Por qué decimos economía cuando queremos decir dinero?

Iratxe Acha (TTi, Tecnología para la Transformación Interior)

Crisis es nombre de mujer

Aitor Aspuru Sáez

Jezabel. Veganamente...

Aitor Aspuru Sáez

La responsabilidad de hablar desde la experiencia

Aitor Aspuru Sáez

"Nunca sabemos el potencial que tenemos dentro"

Cristina M. Sacristán

"En esta sociedad los logros masculinos se magnifican"

Cristina M. Sacristán

El difícil camino hacia la igualdad de la mujer ucraniana

Lyudmyla Kovalchuk - La Strada Ukraine

Las labores de cuidado infantil y el nuevo marco de regulaciones para el ejercicio del cuentapropismo en Cuba

Magela Romero Almodóvar

Poner en hora el reloj de los oficios

Magela Romero Almodóvar

Género y empleo: la realidad chilena

Oriana Ayala Ferrada

Servicio doméstico, ni sueños, ni ambiciones

Oriana Ayala Ferrada

¡Comienzan las rebajas!... en el tiempo de descanso

Mg. Florencia Antoniou

Fora de Eixo. Fuera del eje

Marta Florencia Goldsman

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Bianca dos Santos

Mujer, negra y empresaria

Neesa Isaacs

Ser mujer, ser empresaria.

Susana Escalante

Zineb, sencilla ciudadana del mundo

Zined Chbibi-Cadoux

No todo es de color rosa en el mercado laboral australiano

Silvia Cuevas Morales

Mujeres. La fuerza del cambio en India

Susana Marín Aguilera

Paseo cultural

Judy Rudon

Créditos

Federación Asoc. María Laffitte