Revista Empléate

N°1 - Empleate 1

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La mitad de la fuerza del trabajo del país

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Las desigualdades persisten

Bianca dos Santos

 

 

 

 

 

“Os recordaré también que pronto hará diez años que la mayoría de las profesiones os están permitidas. Si reflexionáis sobre estos inmensos privilegios y el tiempo que hace que venís disfrutando de ellos, y sobre el hecho de que deben de haber actualmente unas dos mil mujeres capaces de ganar quinientas libras al año, admitiréis que la excusa de que os han faltado las oportunidades, la preparación, el estímulo, el tiempo y el dinero necesarios no os sirve.” (Virginia Woolf, 1929)

 

Virginia Woolf en el libro “Una habitación propia”, publicado en 1929, señala la importancia que las mujeres tengan su propia renta y un lugar dónde crear libremente. Al mencionar los grandes escritores de la literatura, se indigna con la ausencia de nombres femeninos y sobretodo con el hecho que esta ausencia fuera atribuida a una incapacidad “natural” de la mujer para la actividad intelectual. Esta injusticia seguramente acometida contra innúmeras escritoras anónimas es ilustrada en el libro por medio de  un personaje ficticio; Judith, la hermana de Shakespeare. Coetánea de este gran poeta y dramaturgo inglés del siglo XVI, Judith tendría igual talento que su hermano. Sin embargo, debido a las condiciones y al momento en que le ha “tocado vivir”, termina suicidándose sin publicar  una sola línea.

Este destino fatídico no sería exclusivo de la vida de Judith ya que “cualquier mujer nacida en el siglo dieciséis con un gran talento se hubiera vuelto loca”; ellas existían para casar y tener hijos, no para escribir. La escritora inglesa afirma con convicción que  “debe de haber existido un genio de alguna clase entre las mujeres, del mismo modo que debe de haber existido en las clases obreras.” Así, tras hacer una crítica al proceso de silenciar a la mujer en la producción literaria y en los demás ámbitos de la creación y del trabajo, Virginia convoca a las mujeres inglesas de los años 30 a trabajar y a escribir, aunque los textos versen sobre temas banales.

Cooperativa coopamareElla no habría imaginado que en Brasil, 30 años después, una mujer negra, pobre y sin estudios fuera a escribir libros de fuerte contenido político y social. Carolina Maria de Jesús vivía en la chabola de Canindé, en Sao Paulo, y la venta de materiales reciclables recogidos de la basura ha sido la salida encontrada para alimentar a sus tres hijos. Parte de las hojas desechadas que recogía sirvieron también de material donde escribir  relatos de su cotidiano. El encuentro con Audalio Dantas, periodista del Diario de Sao Paulo que hacía un reportaje en los alrededores de la chabola, abrió camino para que los primeros escritos de Carolina fueran reunidos en el libro “Quarto de Despejo”, publicado por primera vez en 1960. El libro ha sido traducido en 13 idiomas y vendió sobre 70 mil ejemplares. Tras la repercusión, la autora volvió a las calles.  Sin embargo, su historia inspira a miles de mujeres cuyo trabajo y vida no deben de ser invisibilizadas. Seguramente hubo y habrá muchas Carolinas por el mundo. Ellas prueban que Virginia Woolf tenía razón.

Las desigualdades persisten                         

“Yo no tengo hombre en casa. Solo yo y mis hijos. Pero no intento aflojar. Mi sueño era andar bien limpia, usar ropa de alto precio, vivir en una casa confortable, pero no es posible. Yo no estoy descontenta con la profesión que ejerzo. Ya me habitué a andar sucia. Ya hace ocho años que recojo papel.”(Carolina de Jesús. Quarto de despejo, 1960)

Todavía persiste en Brasil una división de género en los espacios públicos y privados, urbanos y rurales que posiciona hombres y mujeres de manera desigual. Es cierto que muchas veces esa división hace parte de la dinámica de una comunidad y del tipo de sociabilidad del contexto, pero contextualizaciones culturales aparte, Brasil todavía es un país el cual los hombres son la mayoría en los principales puestos de trabajo.   

La esfera pública, considerada como la del trabajo productivo, de los derechos, de la igualdad ha sido históricamente establecida como espacio exclusivo de hombres. De otro lado, las mujeres estarían restringidas al espacio privado de la casa, de la intimidad, del afecto. Esta división histórica parece lejos de estar superada. Prueba de ello es la idea aún presente de que cabe al hombre el papel de proveedor de la casa y a la mujer las funciones del cuidado de la familia. En este sistema de valores, el trabajo desempeñado por la mujer es considerado secundario o complementar al del marido, a pesar de que el 35% de las familias tiene a una mujer como ama de casa; es decir, en casi un tercio de las familias brasileñas son ellas las únicas trabajadoras en casa.     

Según la abogada Léa Calil – en un estudio donde analiza los derechos laborales de las mujeres en Brasil – durante los años 50 el país vivió un período de industrialización y de acentuado crecimiento urbano que generó cambios significativos en el papel de la mujer. Esta nueva realidad las empujaba al mercado laboral y abrió camino a la independencia financiera. La mujer trabajadora se transformaba en un personaje ordinario en el espacio público de las ciudades urbanas. Por otro lado, la garantía de sus derechos se dio de forma marginada y ha sido solamente desde la Constitución Federal de 1988 que las garantías se consolidaron como derechos sociales. En aquél momento se instituyó, entre otros derechos, la prohibición de diferencias basadas en el sexo para la ejecución de funciones, la remuneración y los procesos de admisión laboral.  trabajadora de la cooperativa

Sin embargo, el reconocimiento legal de la igualdad no se hizo efectivo. Trascurridos más de veinte años desde que hombres y mujeres tienen legalmente los mismos derechos laborales, y pese el reciente crecimiento económico y la expansión del mercado de trabajo en Brasil, el país todavía es escenario de profundas desigualdades sociales y de género. Actualmente las mujeres brasileñas corresponden al 53,7% de la población y representan cerca de la mitad de la fuerza de trabajo del país, sin considerar el trabajo domestico no remunerado. Ellas poseen una tasa de escolaridad superior a la de los hombres en todos los niveles de enseñanza, pero siguen con los sueldos menores también en todos los niveles. Cuánto mayor la escolaridad, mayor es la diferencia de sueldo entre un hombre y una mujer. Datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de 2011 señalan que la renta media de las mujeres corresponde al 72,3% de los rendimientos de los hombres, aunque su escolaridad media sea superior (7,4 años de estudio contra 7 años del los varones).  
Si a estas estadísticas añadimos la perspectiva racial, los números son aún peores. Según el  Índice de Desarrollo de Género (IDG), que clasifica la calidad de vida de las personas en 146 países y utiliza como indicadores, entre otros, el nivel de estudios y la participación en la vida económica, los hombres brasileños blancos aparecen en el 41º lugar, las mujeres blancas en el 69º, los hombres afro-descendientes ocupan el 104º lugar, mientras las mujeres brasileñas negras están en el 114º lugar. Es decir, presentan el menor índice de calidad de vida (Fuente: PNUD/ Brasil).      

Según Matilde Ribeiro, ex-ministra de Estado de políticas de promoción de la igualdad racial  “raza, etnia y género son elementos que estructuran las relaciones sociales y económicas y determinan  las posibilidades de acceso al empleo, así como los niveles de remuneración, las condiciones del trabajo, los beneficios, etc.”  Las mujeres negras sufren, así, una triple discriminación: de género y raza y muchas veces, por su origen social. Esta tripla discriminación sitúa a la mujer negra en el peor puesto de desarrollo del país. Según datos de Organización Internacional del Trabajo (OIT), ellas reciben cerca de 40% menos que los hombres blancos por hora trabajada. Además, en las funciones para las cuales se exigen ciertos atributos estéticos (como vendedora, recepcionista y secretaria), las blancas están de cuatro a cinco veces más representadas. Por detrás de la exigencia de “buena apariencia”, se esconde una práctica de racismo encubierto que tiene efectos perversos para las trabajadoras negras. La contradicción presente en el escenario laboral de las mujeres brasileñas es, por lo tanto, la misma que se observa en la garantía de los derechos sociales y económicos en general: a pesar de  legalmente garantizados, queda mucho por hacer en la práctica. Además, la condición de la mujer negra, aún más marginada socialmente, muestra que la división sexual y racial del trabajo está lejos de ser superada.

Solidaridad y organización

chatarra para reciclarEl acceso desigual al trabajo se acentúa con las inestabilidades en momentos de crisis económica. En este contexto, donde el empleo es cada vez más provisorio e inseguro, las acciones colectivas ganan protagonismo y nuevos actores sociales aparecen con cuestiones y demandas diferenciadas. La acción colectiva se presenta entonces como alternativa a las personas que se encuentran excluidas del mercado laboral formal y del consumo. La economista Maria Nezilda Culti de la Universidad Estadual de Maringá, señala que esta forma de reacción contemporánea a los momentos de crisis ganó visibilidad en Brasil a partir de los años 80. La asociación de personas en torno a emprendimientos solidarios permitía a cada uno agregar los recursos de que disponía y así compensar a la ausencia de derechos sociales y económicos.        

Estos procesos de organización colectiva pueden ser transformadores para las mujeres. La Organización Internacional del Trabajo (OIT),  lleva a cabo en algunos países de Latinoamérica un programa para la promoción de la igualdad de género, raza, la erradicación de la pobreza y la generación de empleo.  Los documentos resultantes del programa destacan el desarrollo de modelos de organización como uno de los instrumentos para el empoderamiento de mujeres; organizándose, ellas pueden  tener una comprensión crítica de sus condiciones sociales y económicas y con ello reunir esfuerzos y recursos para objetivos comunes.          

Según la OIT, es fundamental incorporar los intereses de las mujeres y de la población negra en los procesos sociales y políticos, en especial, en las instancias de decisión. De este modo, se generan espacios propicios al auto organización, a la iniciativa y la creatividad. Una de las formas de organización dónde se observa la participación creciente de las mujeres son las cooperativas de trabajo. Según datos de la OCB (Organización de las Cooperativas Brasileñas) el país tiene cerca de 7 mil cooperativas, en las cuáles el 52% de los asociados son mujeres. La organización en cooperativas puede permitir la gestión colectiva de la producción y el reparto igualitario del resultado del trabajo.              

En São Paulo, ciudad brasileña que genera 17.000 toneladas de residuos sólidos al día, de los cuales solo el 1% son reciclados, se destaca la organización de cooperativas de recolectores de materiales reciclables. Al igual que Carolina Maria de Jesús, estas personas buscan en medio de las basuras materiales que pueden ser reaprovechados. En este trabajo, que hoy cuenta más apoyo e institucionalización, se observa la participación creciente de mujeres. Dulcineia Silva, presidente de la Coopamare es un ejemplo de ello. Cuenta que la cooperativa surgió en 1986, cuando algunos cartoneros se reunían para hacer una fiesta de fin de año, en la cual se ofrecían platos de sopa a los sin techo de la región central de la ciudad. Para recaudar recursos para la fiesta, se organizaron en grupos y dividieron cada etapa del trabajo mientras unos recolectaban los cartones desechados en las calles, otros hacían la selección del material que llegaba y los demás trabajaban en la prensa. Después de la venta de los cartones que se podían aprovechar, ha sido posible pagar la fiesta y el excedente fue compartido entre todos los participantes.   

"Ella no habría imaginado que en Brasil, 30 años después, una mujer negra, pobre y sin estudios fuera a escribir libros de fuerte contenido político y social".

Esta forma de organización solidaria fue el germen de la creación de la cooperativa en el 1989. El ayuntamiento de Sao Paulo ha cedido un espacio y promulgó una ley que reconocía el trabajo del recolector como actividad profesional. Tal reconocimiento les garantizó los derechos comunes a los demás trabajadores y les hizo ganar  visibilidad y respeto junto a los comerciantes, las empresas y la población en general.  Actualmente, la cooperativa cuenta con 80 asociados, desarrolla proyectos y promueve diversos cursos de capacitación. Las mujeres están presentes en todas las áreas de actividad; recolectan en las calles, separan los materiales en la central y participan de la administración. Dulcineia afirma que le gusta mucho lo que hace y que no podría cambiar su trabajo por otro. Considera la actividad de recolectar materiales reciclables en la basura “un trabajo digno, que me mantiene a mí y a mi hija”.           

La colecta de materiales reciclables en las calles también ha sido la alternativa encontrada por los asociados de la AVEMARE, cooperativa de Santana de Parnaíba – pueblo vecino a la región metropolitana de São Paulo. Antes de organizarse colectivamente, los recolectores seleccionaban materiales en un gran vertedero de la región.  Según dados del ayuntamiento, actualmente la AVEMARE  es responsable por el 50% de la colecta selectiva de la localidad. Claudiene Pereira Nunes es una de las trabajadoras que forma parte de la cooperativa desde su comienzo. Empezó a trabajar en el vertedero a los 9 años de edad y, a pesar de la difícil rutina que el trabajo le imponía, logró estudiar  y aprendió a leer y a escribir: “en aquél tiempo no había hora para trabajar.  Llegábamos al vertedero en la madrugada y salíamos tarde de la noche. No importaba se llovía o se hacía sol.”  Hoy tiene 30 años y afirma que las condiciones son mucho más favorables. Las mujeres representan el 60% de los cooperados y cuentan con beneficios como licencia por maternidad, promoción y formación profesional, cotización a seguridad social, entre otros. Claudiene participó de diversos cursos de capacitación y con sus compañeros promueve diversas actividades, como un desfile de ropas hechas con plástico, sobras de objetos como paraguas, botellas de pet y otros. Candidata a concejal en las próximas elecciones municipales, su sueño es trabajar en proyectos de preservación  ambiental.             

cooperativa AVEMARE desfile ropasLa separación de materiales  como cartón, papel, cristales y plástico es una práctica todavía en desarrollo en Brasil y permite a los recolectores generar renta y actuar como agentes ambientales a la vez. El mayor potencial de la presencia de mujeres en estas cooperativas no reside solamente en las alternativas económicas y de empleo que generan; su mayor contribución se da, sobretodo, al establecer relaciones horizontales y con eso traducir el concepto primordial del cooperativismo: el de la asociación entre iguales. Esta posibilidad de superar las diferencias de género – por tratarse de una organización que prima por la solidaridad y la cooperación- abre la posibilidad de que mujeres en situación de vulnerabilidad social puedan tener conciencia que es necesario superar las desigualdades y transformar los derechos que están en el papel en derechos efectivos. No obstante, es importante señalar que esta forma de organización debe estar orientada por procesos de autogestión en los cuales los roles y las funciones sean democráticamente establecidas y desarrollen relaciones solidarias y horizontales. Del contrario, las cooperativas pueden reproducir las estructuras jerárquicas observadas en los demás ámbitos del mercado así como  contribuir para la precariedad de las relaciones laborales.              

Al principio de este texto hablamos de Virginia Woolf y de su determinación a que las mujeres trabajaran y escribieran. Carolina María de Jesús, escritora, cartonera, mujer, negra, habitante de una chabola suramericana lo hizo con valor y dignidad. Su historia es reproducida diariamente por otras mujeres que desafían la pobreza y la miseria. Ellas dan vida a las palabras de Virginia cuando dice que “hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.”                      

Fotografías de Diego Balbino

1)     Separando basura. Coopamare

2)     Mujer seleccionando materiales

3)     Embarazada con material reciclable

4)     Ropa de material reciclado. Avemare.

Foto de: Claudine Pereira Nunes

Referencia bibliográfica

AVEMARE–Cooperativa de Trabalho de Catadores de Materiais Recicláveis da Vila Esperança.

CALIL, Léa Elisa Silingowschi. Direito do Trabalho da Mulher, São Paulo: LTr, 2007.

COOPAMARE – Cooperativa de Catadores Autônomos de Papel, Papelão, Aparas e Materiais Reaproveitáveis.

CULTI, Maria Nezilda. Mulheres na economia solidária: Desafios Sociais e Políticos. IV Congreso Europeo CEISAL de Latinoamericanistas. República Eslovaca, Bratislava, 4 a 7 de julho de 2004.

DIAS, Sônia Maria. Women in Informal Employment: Globalizing and Organizing / Gestão de resíduos sólidos, catadores, participação e cidadania – novas articulações? Relatório de pesquisa em políticas urbanas, Nº8, Julho, 2010.

JESUS, Carolina Maria de. Quarto de despejo, São Paulo: Ática e Francisco Alves, 1960.

MORAES, Eunice Lea de. Relação gênero e raça na política pública de qualificação social e profissional - Brasília: MTE, SPPE. DEQ, 2005.

PNUD Brasil – Programa das Nações Unidas para o Desenvolvimento

VVAA., Gênero, raça, pobreza e emprego: o Programa GRPE no Brasil / Programa de Fortalecimento Institucional para a Igualdade de Gênero e Raça, Erradicação da Pobreza e Geração de Emprego (GRPE), Brasília: OIT - Secretaria Internacional do Trabalho, 2006.

VVAA., Manual de capacitação e informação sobre gênero, raça, pobreza e emprego: guia para o leitor / Organização Internacional do Trabalho – Brasília: OIT, 2005.

WOOLF, Virginia. Una habitación propia. Traducción del inglés por Laura Pujol, Barcelona: Seix Barral, 2008.

 

Sumario

Editorial

Federación María Laffitte

Evolución de la relación mujer y empleo en democracia

Ana Pérez Luna. Secretaría de la Mujer UGT Andalucía

Programas de formación, ¿el camino para el empleo?

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Andalucía y su tejido empresarial

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Servir para servir

Iván Montes Gálvez

Emprenderla con el fututo. Retos del empleo femenino ante la crisis

Iván Montes Gálvez

Mujeres frente a la crisis, soluciones con acento andaluz

Carmen G. Gavira

Economía y empleo, ¿un asunto de mujeres?

Teresa Fernández Ridruejo. Orientadora laboral. Experta en género

¿Por qué decimos economía cuando queremos decir dinero?

Iratxe Acha (TTi, Tecnología para la Transformación Interior)

Crisis es nombre de mujer

Aitor Aspuru Sáez

Jezabel. Veganamente...

Aitor Aspuru Sáez

La responsabilidad de hablar desde la experiencia

Aitor Aspuru Sáez

"Nunca sabemos el potencial que tenemos dentro"

Cristina M. Sacristán

"En esta sociedad los logros masculinos se magnifican"

Cristina M. Sacristán

El difícil camino hacia la igualdad de la mujer ucraniana

Lyudmyla Kovalchuk - La Strada Ukraine

Las labores de cuidado infantil y el nuevo marco de regulaciones para el ejercicio del cuentapropismo en Cuba

Magela Romero Almodóvar

Poner en hora el reloj de los oficios

Magela Romero Almodóvar

Género y empleo: la realidad chilena

Oriana Ayala Ferrada

Servicio doméstico, ni sueños, ni ambiciones

Oriana Ayala Ferrada

¡Comienzan las rebajas!... en el tiempo de descanso

Mg. Florencia Antoniou

Fora de Eixo. Fuera del eje

Marta Florencia Goldsman

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Bianca dos Santos

Mujer, negra y empresaria

Neesa Isaacs

Ser mujer, ser empresaria.

Susana Escalante

Zineb, sencilla ciudadana del mundo

Zined Chbibi-Cadoux

No todo es de color rosa en el mercado laboral australiano

Silvia Cuevas Morales

Mujeres. La fuerza del cambio en India

Susana Marín Aguilera

Paseo cultural

Judy Rudon

Créditos

Federación Asoc. María Laffitte