Revista Empléate

N°1 - Empleate 1

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Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Si hiciéramos un análisis cuantitativo de los mensajes emitidos por los medios de comunicación en los últimos años, la palabra “crisis” sería el concepto estrella. Pero ¿y la crisis y las mujeres?, ¿cuántas noticias que no hayan aparecido en los medios un 8 de marzo, el día de la mujer, hablan de la crisis y las mujeres? Pocas, muy pocas, aunque compongamos más del 50% de la población. Con este artículo pretendemos visibilizar la labor de las mujeres en este contexto de crisis y ver las opciones que tenemos para eludirla o, al menos, para minimizar sus efectos sobre nuestras economías domésticas.
Entre estas opciones, los certificados de profesionalidad se perfilan como un camino viable para la inserción laboral de las mujeres que, teniendo los conocimientos necesarios para desempeñar un empleo remunerado, carecen de la titulación necesaria para ello.

Los certificados de profesionalidad, expedidos por el Servicio Andaluz de Empleo, acreditan los conocimientos adquiridos a través de las vías no formales de formación, así como a personas que hayan seguido cursos de Formación Profesional para el Empleo (FPE) a través del SAE o que hayan participado en los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI). Por su parte, el Servicio Público de Empleo Estatal (SPEE) también expide estos certificados en otros supuestos, como la participación en los cursos FPE gestionados directamente por dicho Servicio. Hay dos vías para la obtención de estos certificados: superando, bien los módulos formativos del certificado de profesionalidad o bien los procedimientos para la evaluación y acreditación de las competencias profesionales adquiridas a través de la experiencia laboral o de vías no formales de formación.adentrandose en la informatica

Los ámbitos en los que, normalmente,  las mujeres consiguen un certificado de este tipo son, básicamente, el de los cuidados y el de la administración. La oferta está muy masculinizada y creemos que no debería quedar ahí, sino que tendría que existir la posibilidad de que consiguieran certificados en oficios tradicionalmente ocupados por hombres.

A pesar de ello, se trata de una alternativa que está dando opciones de trabajo remunerado a las mujeres en medio de una realidad desoladora, agravada por factores negativos que afectan  directamente a la mujer: el paro creciente, el recorte de los servicios sociales del estado del bienestar, la reforma laboral y la consiguiente “flexibilidad”,  el apoyo al empleo temporal (básicamente asumido por las mujeres aunque, en muchos casos, no sea por opción propia), la dificultad de la conciliación de la vida personal y la vida laboral o los retrocesos en la Ley de dependencia.

Ilustración Setas FeministasTodo esto dibuja un panorama poco propicio, pero en tiempos de crisis, si bien aumentan los obstáculos, las mujeres hemos tenido históricamente más dificultades, por lo que tenemos más capacidad para solventarlas.

Mar, después de años trabajando sin contrato en una gestoría, ha conseguido un certificado de profesionalidad en el área de Empleada de oficina. Gracias a este certificado, ahora trabaja en una consultora de Sevilla en la que están empleadas más de 80 personas, repartidas en 8 departamentos. Aparentemente, reinan la igualdad salarial y el equilibrio de género, que incluso se inclina favorablemente hacia el lado de las mujeres, que son el 70% de la plantilla.  “Aparentemente”,  porque si enfocamos de cerca la realidad vemos que los socios de la empresa, el Director general y los jefes de TODOS los departamentos son hombres.

Y no sólo eso: si se acaba el papel de la impresora, por ejemplo, el jefe del departamento de turno chasquea los dedos, cual cacique, para que una mujer lo reponga, aun habiendo hombres cerca.  Además, las bajas por paternidad son un espejismo ya que se considera que son las mujeres quienes deben quedarse en casa al cuidado de los bebés. Por otra parte, la carga laboral para las mujeres es, en todos los casos, como mínimo, un 30% mayor que para los hombres. Etc., etc., etc. Y aunque Mar sueña con salir de esa estructura de patriarcado anacrónico, tiene una casa que pagar y unas necesidades básicas que satisfacer que tiene miedo de no poder cubrir si hace lo que moralmente debiera: denunciar su situación. Contratada a través de una empresa de trabajo temporal, cobra 750 euros, con los que no conseguiría llegar a fin de mes si no fuera por las estrategias de supervivencia que ha tenido que poner en práctica. Mientras sus compañeros hombres se quejan de la precariedad de su situación, ella, además de quejarse, trabaja como costurera, “que es lo que me enseñó mi madre”, nos cuenta. Con estos ingresos extra, consigue llegar a fin de mes y hasta llevar una vida digna, aunque ello repercuta negativamente en su disponibilidad de tiempo libre.

Carmen obtuvo su certificado profesional en el área de la Gestión de pisos y limpieza en alojamientos, pero su experiencia es asimilable a la de Mar en el sentido de que el certificado le ha permitido incorporarse al mercado laboral: ahora trabaja en un conocido hotel como camarera de piso. Cuando le preguntamos sobre los pros y los contras de su situación actual como trabajadora remunerada, nos explica que los pros tienen que ver con el refuerzo de su autoestima y el aumento de sus ingresos, ya que hasta empezar a trabajar sólo recibía la ayuda familiar, lo que dificultaba su supervivencia y la de su hijo.

Sobre los lecturas de la crisis en clave feminista“peros” a los que ha tenido que enfrentarse desde que trabaja, el más importante ha sido la dificultad para conciliar su empleo con el cuidado de su hijo. Podría trabajar a jornada completa, si no fuera  porque no ha conseguido plaza en ninguna guardería pública, su  única opción económicamente viable. Y trabajando a media jornada, su sueldo no le alcanza para pagar a una persona que cuide a su hijo.

Podríamos estar ante una situación dramática, pero Mar, como tantas otras mujeres, ha encontrado alternativas a la situación de abandono en la que la ha dejado la administración pública y se ha “asociado” con otras mujeres en su misma situación, creando un espacio de cuidados colectivos  en casa de una de ellas. En su mayoría son familias monoparentales que, con esta iniciativa, garantizan el cuidado de su prole a través de una red social en la que no media el dinero, sino el intercambio de cuidados. Mar, después de sufrir una situación de desamparo asistencial importante, está convencida de que si hay una salida a la crisis es a través de estas medidas colectivas implementadas fundamentalmente por mujeres. 

Carmen y Mar, con sus historias de vida y sus salvavidas personales para minimizar los efectos de la crisis, son dos ejemplos de cómo las mujeres reaccionan y salen victoriosas de esta carrera de obstáculos en la que se ha convertido la vida.

Desde el ámbito de la investigación, también encontramos mujeres que están aportando nuevas perspectivas a la crisis. La economista Astrid Agenjo es una de ellas. Hizo un máster en Economía internacional y desarrollo por  la Universidad Complutense de Madrid y ahora es investigadora en el Departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica la Universidad Pablo de Olavide. Está realizando su tesis sobre la crisis en el contexto español desde la perspectiva de la economía feminista,  en el marco del Programa de Doctorado Desarrollo y ciudadanía, derechos humanos, igualdad, educación e intervención social. Pertenece a la Red de Economía Crítica  y Crítica de la Economía  y a la Asociación Internacional de Economía Feminista (IAFFE), además de formar parte de la Comisión Feminismos del 15M sevillano: las setas feministas.

Astrid, como Carmen y María, sabe que las medidas que podrían aliviar a las mujeres de las consecuencias de la crisis no se van a implementar desde arriba, desde el Estado, más bien al contrario: hay retrocesos y no se atisban avances.

El germen de las setas feministas partió de la urgente necesidad de incluir la visión feminista en las propuestas del grupo 15M. jornadas lecturas de la crisis en clave feministaLlevan ya más de un año en activo y se reúnen en asamblea todos los miércoles, a las 20.30, en la Plaza de la Encarnación. Cuando le preguntamos por el origen y los proyectos del grupo, esto es lo que nos cuenta: 

Veíamos que el análisis de la situación de desigualdad de las mujeres brillaba por su ausencia. Nuestro interés era visibilizar esa desigualdad y luchar contra ella. Estamos haciendo trabajos muy interesantes, como talleres y la preparación de un video que pretende ilustrar cómo afecta la crisis a las mujeres para que tomen conciencia de su insustituible papel también en tiempos de crisis y aunque no realicen trabajos remunerados. El ámbito de investigación son los mercados y allí entrevistamos a las mujeres. Lo primero que te dicen es que su marido se ha quedado en paro, que sus hijos han tenido que volver a casa, etc. Entonces volvemos a preguntarles: No, no, a usted, ¿a usted cómo le afecta la crisis? Las amas de casa tradicionales no ven que estén  haciendo un trabajo fundamental y que, por ejemplo, si un hijo se queda en paro y vuelve a casa eso repercute en su tiempo de trabajo. Esto no se reconoce socialmente y, por tanto, ni ellas mismas lo valoran. Está siendo un trabajo muy bonito, porque cuando les preguntas: “¿a usted no le afecta la crisis?, ¿usted ahora cuando va a comprar, en vez de ir al mercado de enfrente de su casa,  ¿no se da una vuelta para ver dónde están más baratas las cosas?”. Y te contestan: “Bueno, eso sí, claro”. Y empiezan a salir a relucir todas las estrategias de supervivencia.                         

Son las mujeres las que están afrontando el día a día de esta crisis y eso hay que sacarlo a relucir. Desde mi punto de vista, las mujeres están haciendo el trabajo más importante, porque estas estrategias de supervivencia de las que hablamos son las que sostienen la vida, las que permiten satisfacer nuestras necesidades cotidianas. La gente piensa que las necesidades sólo se satisfacen comprando los bienes y servicios que ofrece el mercado, pero eso no es así: el ser humano tiene unas necesidades inmateriales de afecto, de relaciones con el entorno, de comunicación, de pertenencia… Son necesidades que se satisfacen desde el ámbito de la comunidad y de la economía informal, abanderada fundamentalmente por las mujeres. Aunque satisfacer todo esto no esté remunerado, se trata del tiempo de trabajo de alguien, de las mujeres fundamentalmente.

Foto superior de: Ángeles Gil.

"Mujeres en la informática"

Foto central: Congreso "lectura de la crisis en clave feminista"

Sobre los certificados de profesionalidad, Astrid nos dice que son un reflejo de la realidad que tenemos. Es una medida que ataca unos efectos, pero no está atacando sus causas. Ser consciente de que existe una segregación sexual del trabajo, no sólo en el ámbito del mercado laboral (donde las mujeres están en una situación de mayor precariedad), sino también en el ámbito doméstico (donde las mujeres dedican cuatro horas y media al hogar y los hombres dos y media), debería llevar a tomar medidas que atajaran esta segregación, pero no que la potencien, como parecen hacer estos certificados.

Mujeres motor we can do itComo alternativa, propone programas de educación desde la infancia donde se capacite igualitariamente  en trabajos tradicionalmente asignados a uno de los sexos: Así es como se atacan las causas. Haciendo, por ejemplo, talleres de chapa y pintura  también para mujeres y enseñando a los hombres tareas de cuidados, fundamentales para la sostenibilidad de la vida. Si esto fuera así, a largo plazo estos certificados no discriminarían géneros. Porque son medidas positivas, pero no van a solucionar el problema histórico de la segregación sexual del trabajo, uno de los males que nos aquejan.

Astrid constata que como consecuencia directa de la crisis hay un importante retroceso en la igualdad de género, con una sustancial intensificación del tiempo de trabajo no remunerado para las mujeres.

Para visibilizar esta y otras situaciones y poner los cimientos de un cambio de estructuras y no de elementos aislados, podemos organizarnos a nivel local entrando en red con otras mujeres y asistiendo, por ejemplo, a las asambleas semanales de las Setas feministas del 15M.

Porque si la crisis afecta al tejido social más vulnerable,  teniendo en cuenta que antes de la crisis las mujeres ya estábamos en una situación de evidente desigualdad respecto a los hombres, tenemos que alzar nuestra voz ahora más que nunca.

Sumario

Editorial

Federación María Laffitte

Evolución de la relación mujer y empleo en democracia

Ana Pérez Luna. Secretaría de la Mujer UGT Andalucía

Programas de formación, ¿el camino para el empleo?

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Andalucía y su tejido empresarial

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Servir para servir

Iván Montes Gálvez

Emprenderla con el fututo. Retos del empleo femenino ante la crisis

Iván Montes Gálvez

Mujeres frente a la crisis, soluciones con acento andaluz

Carmen G. Gavira

Economía y empleo, ¿un asunto de mujeres?

Teresa Fernández Ridruejo. Orientadora laboral. Experta en género

¿Por qué decimos economía cuando queremos decir dinero?

Iratxe Acha (TTi, Tecnología para la Transformación Interior)

Crisis es nombre de mujer

Aitor Aspuru Sáez

Jezabel. Veganamente...

Aitor Aspuru Sáez

La responsabilidad de hablar desde la experiencia

Aitor Aspuru Sáez

"Nunca sabemos el potencial que tenemos dentro"

Cristina M. Sacristán

"En esta sociedad los logros masculinos se magnifican"

Cristina M. Sacristán

El difícil camino hacia la igualdad de la mujer ucraniana

Lyudmyla Kovalchuk - La Strada Ukraine

Las labores de cuidado infantil y el nuevo marco de regulaciones para el ejercicio del cuentapropismo en Cuba

Magela Romero Almodóvar

Poner en hora el reloj de los oficios

Magela Romero Almodóvar

Género y empleo: la realidad chilena

Oriana Ayala Ferrada

Servicio doméstico, ni sueños, ni ambiciones

Oriana Ayala Ferrada

¡Comienzan las rebajas!... en el tiempo de descanso

Mg. Florencia Antoniou

Fora de Eixo. Fuera del eje

Marta Florencia Goldsman

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Bianca dos Santos

Mujer, negra y empresaria

Neesa Isaacs

Ser mujer, ser empresaria.

Susana Escalante

Zineb, sencilla ciudadana del mundo

Zined Chbibi-Cadoux

No todo es de color rosa en el mercado laboral australiano

Silvia Cuevas Morales

Mujeres. La fuerza del cambio en India

Susana Marín Aguilera

Paseo cultural

Judy Rudon

Créditos

Federación Asoc. María Laffitte