Revista Empléate

N°1 - Empleate 1

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Normativa y realidad en el actual servicio doméstico

Servir para servir

Trabajaban por horas y la mayoría no estaba regularizada

Iván Montes Gálvez

En este artículo, el autor aborda la realidad de las empleadas (y empleados, en minoría) del hogar que en un 90% son mujeres, y de estas, el 65% son inmigrantes. El plazo está a punto de expirar y cientos de miles de asistentas no acaban de tener sus "papeles" en regla. Por ende, las empleadas de hogar discontinuas se enfrenta a serios problemas con sus empleadores y/o empleadoras que, mayoritariamente son personas mayores, imposibilitadas en la mayoría de los casos y reticentes al "papeleo" en otros, por no hablar de aquellos que no están dispuestos de ninguna de las maneras a pagar un euro de más en regularizar su situación -antes cotizaban por su cuenta- y como saben que estas no van a denunciales... Pero si las empleadoras (o empleadores) no les tramitan 'los papeles' para poder cotizar y mantener sus permisos de residencia y sus prestaciones sociales las inmigrantes no podrán renovar su documentación y se encontrarán en situación de "ilegales".

La mayoría de las empleadoras se enfrentan a unos trámites complejos, totalmente desconocidos y además tienen que pagar más; señalan que las obligaciones impuestas son desproporcionadas. Derechos básicos versus una cierta incertidumbre.

Mujer inmigrante limpiando
Desde que el pasado 1 de enero entrara en vigor la nueva ley de servicio doméstico las empleadas del hogar han podido acogerse un nuevo marco laboral que debe reducir la precariedad en el sector. El derecho al salario mínimo interprofesional, a descansos reales entre jornadas o el alta en el Régimen General desde la primera hora de trabajo, logra equiparar sobre el papel la actividad de servicio doméstico a la del resto de trabajadores, dignificándola de paso. ¿Pero qué realidad hay después de la normativa?, ¿hasta qué punto empleadores y empleados están dispuestos a cumplirla en la actual coyuntura?

 

Acaba el plazo para que los empleadores dieran de alta en el Régimen General a sus empleadas domésticas y pagaran las cotizaciones correspondientes, que se irán imponiendo de forma gradual hasta 2019. Durante este año el 22% corre a cargo del empleador y el 18,3% y el 3,7% a cargo del empleado, y en los siguientes se incrementarán un 0,9 puntos por año. Además, las nuevas afiliaciones se ven bonificadas en un 20% mínimo. Esta nueva regulación del servicio del hogar familiar integró desde el 1 de enero de 2012 la actividad dentro del régimen general, pero como un Sistema Especial con carencias fundamentales. En la práctica, con la nueva ley, las trabajadoras domésticas han visto reconocidos algunos derechos laborales básicos de los que antes carecían, como la indemnización por despido, el derecho al salario mínimo interprofesional, dos pagas extras anuales, días festivos, vacaciones pagadas o un límite del 30% del trabajo remunerado en especie, en algunos casos el destinado a alojamiento y manutención, entre otros derechos. La ley afecta a todas las empleadas cuyo trabajo se extienda durante cuatro o más semanas (aunque sea una hora a la semana). Resulta cuanto menos curioso, por decirlo amablemente, que sea en 2012 cuando se ha acabado con esa forma velada de servidumbre y de discriminación laboral que sostenía la anterior ley de 1985, acordando unos mínimos que por lo menos rompen con la visión de las trabajadoras del hogar como sirvientas. Los trabajadores del hogar son en su amplia mayoría mujeres que realizan tareas domésticas y se responsabilizan del cuidado de miembros de la familia empleadora entre otros desempeños, salvo aquellos que siguen estando a cargo de hombres como la conducción de vehículos, mantenimiento general, jardinería, control de límites de fincas, etcétera.

Pero, ¿cuál es la realidad tras la normativa? El genuino impulso para la creación de este nuevo marco ha obedecido a la necesidad de hacer aflorar el dinero negro y aumentar el número de cotizaciones para nuestra achacosa Tesorería, ya que la profesión está dominada por una economía sumergida que suma casi 400.000 personas. En efecto, el trabajo doméstico es uno de los principales viveros de empleo sumergido en España. Tres de cada diez trabajadoras sin afiliar a la Seguridad Social trabajan en este sector. Como contraste, las más de 700.000 empleadas del hogar que hay en España según la Encuesta de Población Activa (EPA). La incorporación de la mujer al mundo del trabajo ha experimentado un gran aumento en la última década, en especial en la franja de los 25 a 44 años donde se encuentra el mayor número de mujeres con hijos menores de 12 años. Para compatibilizar la vida laboral y familiar un alto porcentaje contrata servicios de cuidado del hogar y de los hijos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) son los hogares con empleadores titulares con nivel de formación básico los que más recurren a lo servicios de empleadas domésticas de entre 30 a 44 años (la franja de edad con mayor porcentaje de trabajadoras). Sin embargo, superados los 55 años son los empleadores con estudios superiores los que más contratan.

empleada hogar con uniforme limpienado"Muchos empleadores han revisado a la baja el salario para afrontar las cotizaciones, obligando a que la propia trabajadora cargue con los costes de seguridad social de una forma u otra".

A pesar de sus bondades, la nueva ley no es tan general como en un principio apuesta a serlo y deja deliberadamente a un lado derechos básicos de las trabajadoras como por ejemplo el derecho al subsidio por desempleo. En efecto, la protección de las empleadas del hogar no incluye tal concepto, que queda al albur de próximas enmiendas, si las hubiere. Pero es que tampoco se cotizará para un fondo de garantía salarial ni tan si quiera de formación profesional, como sí se hace en el Régimen General.

Ante la cruda situación en la que braceamos actualmente ¿podría la nueva ley actuar como un lastre en lugar de ayudar a la normalización del servicio doméstico a tiempo parcial? ¿Podría incluso amplificar significativamente la práctica de la actividad sumergida que se cifraba demoledora en toda España? Por el momento la única certeza es que pasado el 30 de junio de 2012, una vez acabado el plazo voluntario de integración a la nueva ley y de no haber sido suscritas a ella, las empleadas a tiempo parcial quedan fuera del sistema sin coberturas sociales. Anteriormente las empleadas domésticas eventuales podían ejercer su trabajo en varios domicilios y estar dadas de alta legalmente en uno sólo de ellos, pero a partir de la integración de la actividad dentro del Régimen General la situación ha cambiado y requiere de la regularización del servicio en todos los centros  —considerando a la trabajadora a grandes rasgos como autónoma que ofrece servicios a un cliente, pero sin serlo—, y le corresponde a los empleadores titulares de los hogares el efectuar la cotización correspondiente. Además, de entre las actividades que quedan excluidas por ley —las prestadas por personas jurídicas, ETTs u otras entidades públicas o privadas— es la clasificada como “trabajos a título de amistad, benevolencia o buena vecindad” la que podría convertirse en una farsa entre las partes para eludir los compromisos con la Seguridad Social. Sería una de las consecuencias de la resistencia por parte de familias y empleados a un alta del servicio por horas o discontinuo del que opinan que no compensa. Ha sido la modalidad por horas la que se ha llevado la peor parte ante el nuevo panorama legal. Por un lado se hace responsable a los titulares del hogar a dar de alta al empleado y satisfacer la cuota de la Seguridad Social, ofreciéndole en contrapartida bonificaciones del 20% al 45% para hacerlo, pero ante el panorama económico actual es dudoso que la normativa tenga éxito a corto plazo. Muchos empleadores han revisado a la baja el salario para afrontar las cotizaciones, obligando a que la propia trabajadora cargue con los costes de seguridad social de una forma u otra. Otra fórmula desesperada es continuar prestando el servicio sin estar dada de alta con la prebenda no ver disminuido el salario, perder ayudas familiares (becas, comedores, etcétera) u otras prestaciones, joven inmigrante con utinsilios limpiezao simplemente porque la sanidad ya la tienen cubierta dentro de la unidad familiar. Muchas de las mujeres que se acogen a ello no lo hacen solamente por temas económicos, sino también por la escasa confianza en el Sistema y en la utilidad de las cotizaciones, que es cada vez más cuestionada por los trabajadores en general ante la negra perspectiva de una jubilación muy lejana y un sistema de pensiones cada vez más frágil e injusto en su cómputo. Es un juego peligroso. No hay que olvidar algo tan básico como las posibilidades de accidentes laborales y enfermedad, los cuales no quedarían cubiertos, el incumplimiento de esta nueva ley puede conllevar serias sanciones.

¿Y qué hay sobre la formación de las empleadas del hogar? Desde hace unos años han coexistido varios planes de Formación Profesional para el Empleo con objetivo de dotar de cualificación concreta a la trabajadora, como han podido ser los cursos de Empleada de hogar, Auxiliar de ayuda a domicilio y Cuidadora de discapacitados físicos y psíquicos, cursos orientados a enseñar a cuidar, mantener y controlar todo lo relacionado con el hogar, la ali­mentación, higiene y sanidad de los integrantes de un unidad familiar. Su puesta en marcha se encuadró dentro de los Nuevos Yacimientos de Empleo por estar considerada la actividad profesional en auge debido a la importante demanda de servicios asistenciales. En estos cursos se trabajan competencias clave como el control de hábitos alimenticios, realizar curas de baja tecnificación, higiene del hogar y seguridad personal, el orden y la calidad, la flexibilidad profesional, la iniciativa y otras más relacionadas con la empatía, el desarrollo de las interrelaciones y el autocontrol. Como podemos observar, conceptos todos ellos muy alejados de la etiqueta de trabajadoras no cualificadas con la que generalmente se prejuzga a sus profesionales.

La nueva ley ha traído a las empleadas del hogar unos derechos básicos y también cierta incertidumbre. A partir de julio Empleo prevé elaborar un informe técnico para estudiar alternativas y dar inicio a una segunda fase de incentivos para lograr que todas la empleadas del hogar que no han sido dadas de alta desarrollen su labor dentro de la legalidad.

Fotografías aportadas por el autor del artículo.

Sumario

Editorial

Federación María Laffitte

Evolución de la relación mujer y empleo en democracia

Ana Pérez Luna. Secretaría de la Mujer UGT Andalucía

Programas de formación, ¿el camino para el empleo?

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Andalucía y su tejido empresarial

Angel Gabriel Bueno Sánchez

Mujeres-motor, también en tiempos de crisis

Ana Vázquez

Servir para servir

Iván Montes Gálvez

Emprenderla con el fututo. Retos del empleo femenino ante la crisis

Iván Montes Gálvez

Mujeres frente a la crisis, soluciones con acento andaluz

Carmen G. Gavira

Economía y empleo, ¿un asunto de mujeres?

Teresa Fernández Ridruejo. Orientadora laboral. Experta en género

¿Por qué decimos economía cuando queremos decir dinero?

Iratxe Acha (TTi, Tecnología para la Transformación Interior)

Crisis es nombre de mujer

Aitor Aspuru Sáez

Jezabel. Veganamente...

Aitor Aspuru Sáez

La responsabilidad de hablar desde la experiencia

Aitor Aspuru Sáez

"Nunca sabemos el potencial que tenemos dentro"

Cristina M. Sacristán

"En esta sociedad los logros masculinos se magnifican"

Cristina M. Sacristán

El difícil camino hacia la igualdad de la mujer ucraniana

Lyudmyla Kovalchuk - La Strada Ukraine

Las labores de cuidado infantil y el nuevo marco de regulaciones para el ejercicio del cuentapropismo en Cuba

Magela Romero Almodóvar

Poner en hora el reloj de los oficios

Magela Romero Almodóvar

Género y empleo: la realidad chilena

Oriana Ayala Ferrada

Servicio doméstico, ni sueños, ni ambiciones

Oriana Ayala Ferrada

¡Comienzan las rebajas!... en el tiempo de descanso

Mg. Florencia Antoniou

Fora de Eixo. Fuera del eje

Marta Florencia Goldsman

Mujeres, trabajo y cooperativismo en Brasil

Bianca dos Santos

Mujer, negra y empresaria

Neesa Isaacs

Ser mujer, ser empresaria.

Susana Escalante

Zineb, sencilla ciudadana del mundo

Zined Chbibi-Cadoux

No todo es de color rosa en el mercado laboral australiano

Silvia Cuevas Morales

Mujeres. La fuerza del cambio en India

Susana Marín Aguilera

Paseo cultural

Judy Rudon

Créditos

Federación Asoc. María Laffitte